20 añitos. Todavía tiene dientes de leche.
¡Pero qué dientes!
lunes, 16 de marzo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
Tentame que me gusta
Me molesta supinamente no tener antojos. Tentación, volvé. En forma de galletitas, como sea.
jueves, 12 de marzo de 2009
Primeros Auxilios
Me hubiera gustado estar el día que te cortaste la mano en la oficina, llevarte a la salita, ser la enfermera que te atendió, lamerte la herida, chuparme tu sangre, recetarte 48 horas de reposo en mi cama, y llegar a casa y no sacarme el uniforme; dejarme abusar por el paciente con la nariz más perfecta que alguna vez haya visto y sorprenderme ante tanta resistencia, rogarle que vaya más despacio, que abra los ojos, que me mire y me toque lo más despacio que pueda, y sonreír al sentir que no se come las uñas, y morderle las orejas, y pestañar sobre sus pestañas tan jóvenes, tan rubias, tan ingenuas; arrodillarme hasta hacerlo perder el conocimiento y no dejarlo que se vaya, no sin mí.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Miércoles
Estoy muy bien
me sacudo muy bien
hablo muy bien
discuto muy bien
Me enojo muy bien
duermo muy bien
amo muy bien
me caigo muy bien
Cantas muy bien
trabajas muy bien
cagas muy bien
robas bastante bien
Cojes muy bien
respiras muy bien
te quejas muy bien
molestas muy bien
Está todo muy bien. o todo...ya saben.
me sacudo muy bien
hablo muy bien
discuto muy bien
Me enojo muy bien
duermo muy bien
amo muy bien
me caigo muy bien
Cantas muy bien
trabajas muy bien
cagas muy bien
robas bastante bien
Cojes muy bien
respiras muy bien
te quejas muy bien
molestas muy bien
Está todo muy bien. o todo...ya saben.
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Es mi blog y digo lo que se me antoja
martes, 10 de marzo de 2009
Tres más
Otra cosa que me gusta es que te acuerdes los nombres de mis dos perfumes, y que te adelantes para decirle al mozo que por favor sin jamón . Y que no me aburro nunca hablando con vos porque aprendo muchas cosas y después me hago la sabelotodo con mis amigas.
lunes, 9 de marzo de 2009
Cobarde
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No sé cómo hacer
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Para no
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El último mensaje, el que quedó por default en borrador, decía: mirarte.
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Impresiones post mudanza
En mi nuevo hogar hay dos pozos de aire y luz. Así lo definió mi hermana arquitecta cuando hizo el plano. Uno da a Av. Libertador y otro a Av. Luis María Campos. En mi primer día aquí no logré identificar si el ruido a bondi viene de una avenida o de otra. Me inquieta un poco el tema. Hablo con mi mamá y me dice, me promete, que me voy a acostumbrar. Me recuerda la primera noche que dormí en un departamento, luego de haber vivido durante veinte años en una casa: el ruido del ascensor no me dejó dormir. Después de esa noche ¿te despertaste alguna vez por el ruido? No. No, y el ascensor siguió estando en el mismo lugar, subiendo y bajando y haciendo el mismo quilombo. ¿Ves? Te acostumbras. Me tranquilizo. Me pido tiempo. Y evalúo la posibilidad de comprarme tapones para los oídos.
Las ventanas tienen una reja que lejos de dar una sensación carcelaria, aportan toneladas de calidez. En cada una hay, colgando, una mini bola de cristal. Cumplen una función meramente decorativa pero a mí me gusta pensar que tienen poderes. En el living, un hogar que invita a contemplarlo y a hacerle compañía. También tengo plantas. Plantas heredadas que ahora dependen de mí. Tal vez, del inquilino anterior. Tal vez, del dueño. Hasta ahora conocí a un solo vecino. En rigor de verdad sólo le vi la espalda (una espalda lampiña y para nada trabajada) y escuché su voz. Duerme justo enfrente de mí y es el responsable de que haya puesto cortinas. No sé su nombre ni si vive solo o con alguien. Sí sé que no está en un buen momento con la que supongo yo es su novia porque en lo que va del domingo lo escuché discutir dos veces. La última frase antes de cortarle el teléfono fue: nena, a vos no te da la cabeza. No sé si hubo reconciliación porque tuve que ir a Easy a comprar un gancho para colgar toallas que ya se me despegó. Todo por no esperar la hora que recomienda 3M para que el adhesivo haga efecto y recién ahí, colgar algo. Por suerte viene con repuestos para ansiosos torpes como yo.
En la heladera hay dos fotos: una de Montmartre, en blanco y negro; y otra nuestra, celebrando la navidad pasada. Un imán que dice Rue Saint Andre des arts, otro de un búho (flamante regalo de mi amiga Clau que, según ella, representa la sabiduría) y ninguno de delivery. Detesto los imanes de verduras: da igual hortalizas o legumbres.
Tengo que decidir el tema cuadros: los pongo, los saco, los saco, los pongo. No me decido si quiero un ambiente más net o si seguir con el liberty (ahora rebautizado “Shabby chic”) también en las paredes.
Me di cuenta de que detesto profunda y enérgicamente las sábanas de color o estampadas. Blancas y lisas está muy bien. Algo es extraño: estrené la cama durmiendo del lado contrario al que suelo dormir cuando lo hago acompañada. Amanecí en diagonal y sin más huecos que el que formaron mis cincuenta kilos. Prefiero echarle la culpa a los resortes individuales y no a la falta de compañía.
Sorpresivamente, el diariero de la esquina (al que tenía pensado ofrecerle ser mi diariero de cabecera) está cerrado los domingos. Mi vecino sigue hablando. Pero no con su novia sino con alguna visita. Hay dos voces. Identifico un parecido a la voz de Formento. Sí, es él: mi vecino tiene la voz de Formento. Sigue el ruido a Bondi. Ahora hay bocinas. Saco la cabeza por la ventana. Miro la bola de cristal como pidiéndole una explicación. No sé de donde viene el maldito ruido. Voy al Farmacity de la esquina. Compro shampoo, dentífrico, un esmalte de uñas color coral y tapones para los oídos.
Las ventanas tienen una reja que lejos de dar una sensación carcelaria, aportan toneladas de calidez. En cada una hay, colgando, una mini bola de cristal. Cumplen una función meramente decorativa pero a mí me gusta pensar que tienen poderes. En el living, un hogar que invita a contemplarlo y a hacerle compañía. También tengo plantas. Plantas heredadas que ahora dependen de mí. Tal vez, del inquilino anterior. Tal vez, del dueño. Hasta ahora conocí a un solo vecino. En rigor de verdad sólo le vi la espalda (una espalda lampiña y para nada trabajada) y escuché su voz. Duerme justo enfrente de mí y es el responsable de que haya puesto cortinas. No sé su nombre ni si vive solo o con alguien. Sí sé que no está en un buen momento con la que supongo yo es su novia porque en lo que va del domingo lo escuché discutir dos veces. La última frase antes de cortarle el teléfono fue: nena, a vos no te da la cabeza. No sé si hubo reconciliación porque tuve que ir a Easy a comprar un gancho para colgar toallas que ya se me despegó. Todo por no esperar la hora que recomienda 3M para que el adhesivo haga efecto y recién ahí, colgar algo. Por suerte viene con repuestos para ansiosos torpes como yo.
En la heladera hay dos fotos: una de Montmartre, en blanco y negro; y otra nuestra, celebrando la navidad pasada. Un imán que dice Rue Saint Andre des arts, otro de un búho (flamante regalo de mi amiga Clau que, según ella, representa la sabiduría) y ninguno de delivery. Detesto los imanes de verduras: da igual hortalizas o legumbres.
Tengo que decidir el tema cuadros: los pongo, los saco, los saco, los pongo. No me decido si quiero un ambiente más net o si seguir con el liberty (ahora rebautizado “Shabby chic”) también en las paredes.
Me di cuenta de que detesto profunda y enérgicamente las sábanas de color o estampadas. Blancas y lisas está muy bien. Algo es extraño: estrené la cama durmiendo del lado contrario al que suelo dormir cuando lo hago acompañada. Amanecí en diagonal y sin más huecos que el que formaron mis cincuenta kilos. Prefiero echarle la culpa a los resortes individuales y no a la falta de compañía.
Sorpresivamente, el diariero de la esquina (al que tenía pensado ofrecerle ser mi diariero de cabecera) está cerrado los domingos. Mi vecino sigue hablando. Pero no con su novia sino con alguna visita. Hay dos voces. Identifico un parecido a la voz de Formento. Sí, es él: mi vecino tiene la voz de Formento. Sigue el ruido a Bondi. Ahora hay bocinas. Saco la cabeza por la ventana. Miro la bola de cristal como pidiéndole una explicación. No sé de donde viene el maldito ruido. Voy al Farmacity de la esquina. Compro shampoo, dentífrico, un esmalte de uñas color coral y tapones para los oídos.
viernes, 6 de marzo de 2009
Apretados, retrodancing
-Qué vas a hacer hoy a la noche?
-Voy a bailar con mis amigas
-Muy bien. A mover un poco el cucu. ¿Adónde van? ¿a Kika?
-¿Kika? gordo, pareces Walter. Kika no se pone desde el 2001. Vamos a Shampoo.
-¿A Shampoo? ¿No es un gaterío eso?
-Era. Ahora es el nuevo Tequila.
-¡Tequila era un gaterío encubierto!
-Dale, si habrás ido...
-No fui nunca. Ni una vez. Yo era rocker. Iba a Majada Onda y a Mix.
-Voy a bailar con mis amigas
-Muy bien. A mover un poco el cucu. ¿Adónde van? ¿a Kika?
-¿Kika? gordo, pareces Walter. Kika no se pone desde el 2001. Vamos a Shampoo.
-¿A Shampoo? ¿No es un gaterío eso?
-Era. Ahora es el nuevo Tequila.
-¡Tequila era un gaterío encubierto!
-Dale, si habrás ido...
-No fui nunca. Ni una vez. Yo era rocker. Iba a Majada Onda y a Mix.
jueves, 5 de marzo de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
Bring it back, bring it back
A tres, de los cuatro novios que tuve, les dije que eran el amor de mi vida. A los cuatro los escuché decir lo mismo de mí. Creo que ninguno sabía muy bien lo que estaba diciendo. No digo que no haya sido genuino, pero sí imprudente. Tan sobreprometedor. ¿Acaso reconocerse como un amor más entre muchos amores en la vida de una persona no tiene el mismo valor? No me parece mal ni menos profundo asumir eso: que uno se enamora y ama más de una vez. Deberíamos haber aclarado, entonces: sos el amor de mi vida de equis años. Porque mi vida (y la suya, claro) continuó y ninguno es el amor de ninguna de esas vidas. Por suerte. Para todos. Me parecería ridículo escuchar algo así hoy. Ni hablar de decirlo. En la única situación en la que me imagino diciéndolo es a punto de morir. Claro que no sé todavía a quién. Porque creo que no necesariamente la persona que me acompañe durante veinte o treinta años sea, por default, el amor de mi vida. No sé por qué sospecho que la persona que va a escuchar eso de mi boca, va a ser alguien que no haya compartido conmigo más de dos o tres días.
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De qué hablamos cuando hablamos de amor
lunes, 2 de marzo de 2009
A pasitos del Yatch Club
No te confundas, no es represión: es no tener ganas de curtir con vos por las cosas que decís y haces inmediatamente después. Te pones un poquitito como un pendejito agrandadito de yaniyidro y no te aguanto.
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