domingo, 23 de noviembre de 2008

Domingo

Saco a pasear a mi perra. Es la primera vez que lo hago en un año. Look dominguero: short de jean blanco, musculosa verde, collar en composé y anteojos marrones. Auto hasta Barrancas de Belgrano. Me bajo. Camino menos de un metro por el parque y escucho:

-¿Es hembra?
Ahí me doy vuelta y veo a un siberiano atado con una correa negra a un sujeto de sexo masculino, sin pelo (por no decir pelado): musculosa negra, bermuda azul arratonada, ojotas negras. Calculo unos treinta y cinco.
Sonrío y digo sí.
-¿Cómo se llama?
-Green. ¿y la tuya?
-Es macho.
-¿Y se llama?
-Paul.

Silencio.
Green me tironea exactamente para el lado contrario al del señor sin pelo, que suelta a su perro al mismo tiempo que arremete conmigo.

-¿Vivis por acá? (cuando termina de decir eso me acuerdo de Valeria Bertucceli diciendo que odia a los buscadores de coincidencias y me río para mí misma)
-Sí, a un par de cuadras. Cerca de Juramento.
-Ah, yo también, pero más por la lado de Loreto.
Segundo silencio.
Intento prender un cigarrillo y no puedo. Me ve luchando con el viento y ofrece su ayuda. Acepto. Se acerca y pone sus manos haciendo carpita. Lo enciendo.
-Bueno, como para presentarnos (es él el que está hablando), ¿cómo te llamás?
-Perla.
Con cara de asombro repite: ¿Perla? ¿así está en el DNI?
- Así. Perla.
-Sabía que existía pero nunca conocí a nadie que se llame así. Tiene mucha carga. Debes tener que brillar siempre.
No me llamo Estrella, idiota, me llamo Perla. Y no todas las perlas brillan. Goma (esto no lo dije pero me quedé con muchas ganas de hacerlo)
Sé que estoy poniendo una media sonrisa, casi de las más falsas de mi repertorio. Digo: no es para tanto. No le pregunto su nombre.
Por suerte su siberiano sigue disperso, caminando lejos de mi perra y de mí. Me detengo porque Green quiere hacer lo segundo. No tengo bolsita y no me avergüenzo por eso. Bah, un poco sí porque la cara que está poniendo Green es bochornosa. Miro para otro lado y él se las ingenia para acercarse. Y sigue:
-¿De qué raza es?
-Es de la calle. La encontramos hace un par de años, nos encariñamos con ella y acá está.
-¿Se porta bien, no? Parece tranquila
-Sí, acabo de venir de la librería, la dejé en la puerta, atada a un árbol y se quedó lo más bien.
-¿Fuiste a la librería? ¿Qué compraste?
-Frío en Alaska, y Rabia, de Bizzio.
Lo digo con el mismo tono con el que le decía a mis compañeritas que tenía las figuritas que a ellas les faltaban para completar el álbum. Estoy esperando que se entierre, que me diga que no conoce a ninguno de los dos autores y yo poder desplegar la lista de libros que tengo en la cartera, herencia del taller literario que nunca terminé, y disminuirlo, hacerlo sentir un ignorante, terminar de ahuyentarlo.
Él dice: Ah. ¿Sos intelectual?
Y ahí, mis queridos, se tiró encima toda la tierra posible.
-No, me gusta leer, que es muy diferente.
-A mí también. ¿Qué te gusta leer?
-Ficción. Cuentos y novelas.
-A mí me pasó algo muy fuerte en la vida y desde ese momento decidí leer cosas que me dejen alguna enseñanza, pero no de vida, sino emocional. Ya para teorías leí y mucho. Humildemente lo digo, eh.
-Mirá vos. Pero entonces, ¿qué lees? ¿Autoayuda?
-No necesariamente. Pero me gustan las cosas cotidianas (¿?), que te dejan pensando (¿?).
-Ah.
Seguimos caminando. Nuestros perros se huelen y creo que se simpatizan.
Y en eso, entre los viejos que bailan en la pérgola, aparece
ella, también con look dominguero pero con más onda, y yo me alegro mucho de verla, y hago lo posible para que me reconozca y se acerque a saludarme. Por suerte lo hace. Mientras viene caminando me doy cuenta de que ella ya se dio cuenta de que hay algo raro con el pelado (a esta altura ya le digo pelado) y de algo más: no quiere herirme.
Hola, Ana, Hola Perla. ¿Qué haces por acá?
-Paseo a mi perra y trato de sacarme de encima a este personaje.
-Ah, pensé que era un amigo, aunque algo sospechaba.
- No, no. Lo acabo de conocer.
Después de intercambiar algunas preguntas y respuestas, alargamos un poco más la charla para que el quetejedi se diera por vencido. Nos saludamos.
Camino para la esquina, aliviada. Hasta que escucho:
-Perla, Perla.
Y así termina todo:
-Pará, pará. Me parece RE descortés que te vayas sin saludarme.
-Chau, nos vemos. Un gusto. Chau, Paul.
-Pero esperá: ¿no querés que nos veamos?
-No, gracias. Nos vemos algún otro día por acá.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

te salvé nena.
igual pienso que fuiste re descortés con el vecino.
te veo veo.
beso-
anac

Soy peregrinaperla dijo...

Descortés yo? te hubieras quedado vos con el dolape, nena. Igual, gracias. you know.
beso

Anónimo dijo...

estaba intervenida por MI pelado... no puedo con dos dolapes a la vez.. y menos si uno anda con perro...
besugo.
io

Anónimo dijo...

matalo. Hacelo por mi,perla.
Esa clase de hombres tiene que ser exterminada del universo. Creeme.
omps.