miércoles, 4 de junio de 2008

Dicen que soy ansiosa


Antes de terminar de hacer pis ya estoy apretando el botón.

Bajo corriendo las escaleras mecánicas.

Cuando subo al ascensor aprieto el piso y, al segundo, el botón para cerrar las puertas.

No fumo, pero debería.

Antes de que el agua tome color, asfixio el saquito de te contra la cuchara.

El F5 de mi computadora está desdibujado.

Cuento los días como años

No lo creo.

lunes, 2 de junio de 2008

Shame on you

Dicen que:

-Soy naif y perversa.
-Estoy tan enamorada que doy vergüenza.

No podría negar ninguna de las dos afirmaciones. You know.

domingo, 1 de junio de 2008

Le cambió una letra pero entendió

Domingo. Tres de la tarde. Entro (mientras hablo por teléfono) a un bar en Palermo. Estoy sola.
Me ofrecen una mesa de dos, de la mitad del salón para atrás. Me siento. Corto. Me levanto y me cambio de lugar. Elijo una mesa ratona, también de dos, pero que tiene sillones y está cerca de la puerta. Al lado mío, tres treintañeros que fiché ni bien entré y que ya van por el postre. Le digo a la moza que prefiero quedarme ahí porque veo la calle.

Me atiende otra moza. Hace el vacío correspondiente. Pido una ensalada de palta, verdes, palmitos, tomate cherry y camarones salteados. Un agua tónica y mucho pan. Escucho:

-No es tacaño, es garca.
-No es la primera vez que lo hace. ¿Se acuerdan cuando se fue a Miami, de vacaciones? Pasó lo mismo.
-Ni un Toblerone nos trajo.
-Es un hijo de puta. No tiene vergüenza. Yo cuando me fui les traje algo a ustedes tres.
-No pido el mega regalo: aunque sea una gentileza.
-Al menos, a vos.
-Lo peor es que ayer me contó que había alquilado un Mini Cooper, que estaba recorriendo todo Londres. No es que se quedó sin plata.

A esta altura aún no relaciono voz con cara, pero me imagino que hablan de un amigo (tal vez un polista o un corredor de bolsa) que se fue a vivir a Londres un tiempo y que cuando volvió, no le trajo regalos a sus (tal vez) amigos. Me distraigo cuando llega mi ensalada: es abundante y el plato no es lo suficientemente hondo como para maniobrar. Antes de condimentarla, corto los verdes y los palmitos. Sé que me están mirando. Los chicos. Hacen silencio. Venimos bien: una chica sola, comiendo una ensalada cool, en un lugar cool, con tres sub treinta y cinco, guapos, sentados al lado. Controlo mis movimientos: no me perdonaría un cherry volador. Igual, estoy incómoda: el sillón es muy mullido y me cuesta mantener la espalda derecha. Revuelvo. Siguen:

-Debería acordarse de nosotros, que somos pobres y no viajamos.
-Y por lo menos arañar algo del free shop. Un whisky, unas cartas de sudoku, algo.
-Repito: no es la primera vez que lo hace.
-¿Para vos es motivo de enojo? (el que está pegado a mí, le hace esa pregunta al que tiene en frente)
-Para mí, sí. –determina-
-Estamos criticando mucho, ¿no? (esta vez, la pregunta es para mí, que casi no sonrío porque no sé si tengo perejil entre los dientes)
-Son peores que las minas. Yo me voy después de ustedes, eh.
Ellos sí sonríen. Me miran. Los tres. Ahora, que la mirada es recíproca y que estoy habilitada para espiar, asocio voz con cara, y retengo: sweater Polo azul con caballito bordado en rojo (el que usa eso es el que tengo más lejos y, como estoy sin anteojos para parecer un poco menos nerd, no veo más allá), pantalón de corderoy marrón con remera de algodón blanca con botoncitos (ese es el que está pegadito a mí), remera azul básica, gafas de sol Ray Ban, sentado en frente de los que ya mencioné. No es que me quiera hacer la modesta pero no hay mucho para detenerse en mí: mañanita tejida rosa y beige, jean babucha, zapatillas Nike, el modelo (nada original) del dedo. No make up.
Segunda pregunta:
-Decime. Vos: ¿cómo reaccionarías en mi lugar? –sigue, el que está más cerca de mí-
-Y (hago una pausa) Es motivo de fastidio más que de enojo. Aunque, ahora que lo estoy pensando, acabo de volver de viaje y no le traje nada a mis amigas ni a mis amigos.
Risas.
-Bueno pero contale –entra en diálogo el Polo boy.
-No, no quiero contarle.
Digo:
-Ahora te inhibiste. Ya escuché todo, además. Dale, hablá.
-Pará (dice, enérgico, el inhibido, que es el mismo que está sentado pegadito a mí)
-¿Vos cómo te llamas?
Trago.
-Me llamo Perla.
-Perla ¿Y dónde trabajas?
Respondo.
El que está en frente se saca las gafas y vuelve al tema.
-En realidad nuestro amigo está así porque es la pareja la que se fue de viaje y no le trajo nada.
No puedo no decir nada, sé que esperan que comparta mi visión femenina:
-Ah. Es tu novia, entonces. Hubiéramos empezado por ahí. Sí: definitivamente me enojaría.
Sigue el de las gafas.
-Le cambió una letra, pero entendió.
Pregunto:
-¿Una letra?
-Es que es novio: no, novia –aclara-.
El del sweater Polo, señala a los dos y dice:
-Son gays.
Trato de tomarme la respuesta con naturalidad, como si lo hubiese sospechado desde el principio, dejo de comer, sé que me estoy encorvando. Agrego:
-Igual, me enojaría.
El único hetero, el de sweater Polo –que ahora lo tiene sobre los hombros-, cambia de tema y me pregunta si tengo novio.
-Novio no, pero estoy saliendo con un chico que ahora está en un campo, en Pehuajó, con sus amigos y amigas del country. Espero dos cosas: que me traiga una golosina, y que cuando me muestre las fotos de sus amiguitas, esas con las que pasó todo el fin de semana y no conozco, que nunca vinieron a un cumpleaños, sean parientes de Betty, la fea, o tengan bigotes, o, en resumen, sean incogibles, porque si no, se arma.
Al que no le traen regalos (de ahora en más, pobre, lo llamo así) larga una carcajada demasiado aguda, demasiado obvia.
Para descomprimir, agrego:
-Así, que quedate tranquilo que no sos el único al que lo dejaron solo.
Se ríe, una vez más.
En ese momento llega mi amiga Clau. De alguna manera me tranquiliza verla. Me saluda y le digo que estoy con unos amigos nuevos. Recibe tres besos. No alcanzo a ponerla al tanto cuando veo que los chicos piden la cuenta. Debitan. Se abrigan. Se levantan. Al que no le traen regalos, el de gafas y el del sweater Polo.
-Chau, Perla. Un gusto.
-Igualmente.
-Adiós –dice, Clau, no sin simpatía-
Antes de abrir la puerta e irse, uno se da vuelta y dice: vos sos la que tiene que quedarse tranquila. Ese chico va a volver y se va a quedar con vos. Sabe que tiene caviar en casa.

Retórica

Me pregunto cuándo: cuándo voy a dejar de vivir en borrador. Al menos, cuándo voy a dejar de tener esa sensación. Y si se puede.

viernes, 30 de mayo de 2008

martes, 27 de mayo de 2008

Son las drogas de la vecina

To: Perla
From: Benjamín
Subject: Tanto tiempo

Perla, cómo estás? Qué bueno ver nuevas fotos tuyas. La cara de felicidad te desborda. Me alegra verte tan bien. Contame un poco más, cómo fueron las cosas?, cómo estás hoy?, qué vas a almorzar en Bocados?, cómo estás vestida...Por mi parte, ayer no me pude dormir hasta las 6:10 am, estoy dibujado, apenitas puedo teclear...
Besos, B.

To: Benjamín
From: Perla

Subject: re tanto tiempo

Gracias, Benjamín. Me gusta que te guste cómo estoy. Te cuento un poco más: al mediodía comí tomate, estoy vestida con una musculosa blanca y una túnica del mismo color. Por qué estás detonado? Saliste anoche? Detalles, por favor.

To: Perla
From: Benjamín
Subject: re re Tanto tiempo

Muy divertido que estés “corporate” hoy. Yo me puse lo primero que encontré, de hecho tengo una remera manchada con café...Lo que me quita el sueño –para decirlo mal y pronto- son las drogas de la vecina...

To: Benjamín
From: Perla
Subject: re re re tanto tiempo

¿Es tu dealer? ¿Qué te está ofreciendo? ¿Te hace bien? ¿O es ella la que se da, hace ruidos extraños y no te deja dormir?

To: Perla
From: Benjamín
Subject: re re re re Tanto tiempo

No mamá. La que grita más que Plácido Domingo es la otra vecina. El pibe la hace ver las estrellas, grita como si estuviera viendo a su propio hijo ser degollado frente a sus propios ojos... Nunca escuché música semejante, debo admitir...Ayer hizo una minireunioncita, me llamó a las 11:15pm y me invitó a pasar.Voy, me sirvo un vaso de whisky, voy a la itunes a elegir un tema, me doy vuelta y veo a tres pibas peinando a punto de papusearse. Escucho: “Querés?”Corte a: me acosté a las 6:10 de la mañana! En fin, sólo eso, charla con mandíbula trabada...

sábado, 24 de mayo de 2008

Apostillas de un cumple animal

Mis dos mejores amigas se llaman Ana. Ana y Ana tienen menos de treinta años, aunque una está más cerca de la treintena que la otra. Ninguna supera el metro sesenta. A una es imposible seguirle el ritmo en la pista y a la otra es imposible seguírselo cuando habla. Las dos están solteras y quieren lo mismo: un chongo que las curta bien curtidas. Se quejan. Hablan de escasez, de imposibilidad para relacionarse, de muchos mensajes de texto y pocos llamados. Anoche comentaban entre ellas:

-Yo en cualquier momento le doy a mi profe de box. El tema es que tiene novia. Pero está buenísimo. Además no para de histeriquearme. ¿Vos qué decís que haga? Le doy igual, ¿no? Total, es él el que tiene que dar explicaciones.
-Y dale nomás. Yo desde que volví de Hungría y me separé que no la veo pasar ni de cerca. Es más: ni siquiera inauguré el departamento. El viernes pasado salí con un ex a tomar algo. Fuimos a Palermo, de ahí a una fiesta y después lo invité a casa. Cuando llegamos ya eran la cinco de la mañana, ya estábamos entonados, ya me lo quería curtir. Beso va beso viene, terminó quedándose dormido y, lo peor, a dormir en casa. A las ocho se levantó y me dijo chau como si no me debiera nada y se fue. Nadie me quiere dar.
-Nooooo, qué bajón! A mí también me pasó algo parecido. Pero yo lo terminé echando de mi casa. Se puso heavy la cosa. Me insistía para hacer algo que yo no quería. Me calenté y le dije que se vaya al carajo. Encima no encontraba las llaves. Por suerte nunca más lo vi.

Ahí es cuando me tocaba hablar a mí, despotricar, contar alguna historia bizarra para no desentonar. Ellas me miraban con cara de “A ver vos, que estás bien atendida, qué tenes para decir, cuál es tu queja”. La verdad es que tengo mucho para decir pero nada compatible con lo que ellas plantean. A mí no me gusta que me curtan. No me va el delivery. El touch & go. Las veces que me hicieron el favor terminé pidiendo disculpas. No soy la madre Teresa pero mentiría si dijera que alguna vez me fui del boliche con uno. Me baja la presión si duermo en colchón de plástico. Ni hablar de amanecer junto a un NN. La última vez que lo hice terminé escapándome (sin medias porque no las encontré) cuando el sujeto se quedó dormido. Le dejé una nota escrita con rouge que mentía: a las nueve pasan a buscarme mis amigas para ir a correr. Hablamos. Por eso me gusta esta abstinencia. Es como cuando tenes un casamiento y no almorzas para después atracarte. Comer sólo lo que te gusta. Comer lo que elegís. Comer cuando tenes ganas. Ahí sí me gusta empacharme. No diría que el objeto deseado se asemeja a un plato de camarones pero por ahí anda. Quiero con él, muchas veces, de muchas maneras. Sólo con él.

Dije: ahora me busco uno, amigas, y mañana les cuento.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Es la tensión

Compro lana. Una madeja. Elijo la que más pelusa desprende. La ovillo y la meto adentro de una bolsita de jean. Me paseo con ella por cada rincón de la casa mientras la lana se va a arrastrando por el piso como las latas que cuelgan de los autos de los recién casados. No soy buena tejiendo. Lo asumo. Pero igual hago el intento. Cambio de agujas, de moldes, de puntos. Una línea al derecho, la siguiente, al revés. Dos para arriba y dos para abajo. Y así. En la décima línea el tejido se pone raro. Como apiñado. Me detengo. Reviso línea por línea. Los puntos están técnicamente bien. El tema es la tensión. Unos demasiado apretados, otros demasiado flojos. No soy yo. Es ella. No puede conmigo.

martes, 20 de mayo de 2008

lunes, 19 de mayo de 2008

Reincidencia

Lunes 11 am.
SMS de número desconocido

-Hola!...y cómo te fue en NY? Tus cosas bien?
-Sorry, no sé quien sos.
-jaja ves cómo sos? Ni me agendaste. Pedro.
-...
-Ok. Pedro Olivero
-Hola. Me fue muy bien. Vos? Preparando el casorio?
-Preferiría estar preparando una salida con vos
-...

El sujeto en cuestión no se da por vencido. Insiste en engañar a su futura esposa conmigo. No entiende que no tengo onda con él, que me parece patético su modus operandi. Creo que se lo voy a reenviar a su novia. Ahora.

domingo, 18 de mayo de 2008

(Diez) cosas que me arruinan un domingo

1) Me levanto. Asomo la cabeza por la ventana y veo un sol radiante.
2) Llego al asado familiar. Veo una mesa de, pongamos, doce personas. Ellos también me ven venir. Sola. Saludo a todos con un hola. Alguien dice: ¿viniste sola?
3) Al lado mío se me sienta una amiga de mamá que acaba de ser abuela diciendo, repitiendo, que su nieto es el más lindo del mundo, que tiene una semana pero los reflejos de uno de tres meses. La señora habla y habla, y yo quiero llorar porque me acuerdo de Rosa, que este año, este mes, cumpliría dos años.
4) La comida tarda en venir
5) La comida viene
6) La comida viene fría
7) Durante el viaje de vuelta, una vieja que venía hablando por teléfono me encierra con el auto y me choca mi camioneta 0 km. Me rompe una óptica, algo que me genera más calentura que si me hubiese hecho volcar.
8) Llego a casa. Me pongo a corregir trabajos prácticos de mis alumnos. Se me ocurre hacer mate para amenizar el momento. Me sale de maravillas. Eso sí: la segunda cebada se la lleva un tal Amodeo y una chica de apellido Camacho. Tendrán nota y manchón de mate.
9) Maldición, es 18.
10) Mañana es lunes.

sábado, 17 de mayo de 2008

Voy esperando el impacto

Es resignación
O es la lucidez
Antes del final
Suelo bucear
En un mar hirviendo
De cara a la libertad
Hoy viajo solo y sin volver
Será que el resto es languidecer
Me gusta estar cayendo
Voy esperando el impacto

viernes, 16 de mayo de 2008

Quiero

Escribir la historia de una adolescente que pierde un hijo, se le muere un amigo, se lleva mal con la madre, tiene edipo con el padre, no se identifica con su hermana mayor. Pero esto sería el lugar común del lugar común. Quiero contar todo lo que me hubiese gustado ser y no soy. Pero no puedo.

Perdón, Poldy

Ayer, mientras buscaba una carta de un amigo que ya no vive, encontré las últimas cartas de amor que recibí. De puño y letra. No me acordaba de que alguna vez, para alguien, fui Pollito, Mo, Booh, Peky. Las firmas también me sorprendieron: tu poeta enamorado, tu príncipe, tu amor, tu fan número uno. Se me ocurrió pensar en todas las que escribí yo. Mis cartas eran intensas, largas, cursi. Además, la mayoría, estaban semi plagiadas. Es que cuando era adolescente se me daba por leer a Poldy Bird y sus frases me venían bien para explicarme. “No te voy a decir que es la primera vez que me enamoro, porque no es verdad. Pero sí es la primera vez que me enamoran. Que no elegí, que no ejercí el control desde el principio. Que sucedió sin que me diera cuenta. Que cuando supe, ya lo habías resuelto”. Ahora que lo pienso, deben haber sido muy malas porque siempre me halagaban sus partes. Me arriesgaría a decir quien las conserva y quien no. Quien, de vez en cuando, como yo, las relee. La más reciente, la que más ternura me causó, está escrita en una hoja canson blanca, con marcador de varios colores. Tiene dibujos de casitas y en el dorso, la letra de una canción dedicada a mí. En los cuatro márgenes dice te amo. Tiene fecha de octubre de 2006. Creo que esa fue la última vez que me lo dijeron.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Tuve que hacerlo

Para salvar el día, para no sentirme tan mal, tan ocupada en hacer cosas que le importan a nadie. Salí de la oficina, pasé por el Banelco, me tomé un taxi de Palermo a Recoleta. Entré en una bombonería y elegí doce: con frutos rojos, dulce de leche, café, rosas y praliné. De chocolate amargo y con leche. Algunas trufas. Una barra con almendras. Me tomé otro taxi hasta el microcentro. Llegué a su oficina. Me anuncié. Sólo con el nombre de pila. Le dí un beso, la caja, y me fui. Ahora estoy más tranquila: mi día tuvo algún sentido.